sábado, 31 de diciembre de 2016

Amor Propio


Cuando se quiere una salida de una relación plagada por la agresión pasiva y castradora, se anhela la libertad y se teme la violencia. ¿Por qué se llega a esto? ¿Por qué no se ha podido superar lo pasado y se tiene esta “compulsión a la repetición”? 

Es que se disfruta el momento de la fuga, esa ansiedad de escapar de nuevo que siempre se ha anhelado. La libertad se disfruta más cuando inicia, es el mayor goce de ella, es el niño que comienza a andar, el adolescente que emprende por primera vez un viaje sólo, la novia que se separa de los padres, el preso que ha obtenido por fin su libertad, la bestia enjaulada que regresa a su hábitat.


¿Dónde quedaron la empatía y la compasión? Nada cerca de la soledad. Pero habrá que encontrarlas otra vez. Sin embargo, no con el deseo llegar a ellas acompañado. Sino estar con uno mismo y tener sentimientos de amor verdadero hacia el ser verdadero. No son sentimientos narcisistas para compensar faltas arraigadas en el inconsciente, sino amor propio, deseos de valorar todo lo vivido, lo conocido e incluso lo sufrido.